Esperar lo que esperamos,
lo que esperas tú, más que yo.
Simplemente te acompaño
para conservar la paciencia,
aunque a veces me incomodo
me entristezco y me critico,
me reprocho y me limito.
Mientras tú, ¡apresurado!
esperas insaciable el tiempo,
comprendes complacido el rumbo
que ha de sellar el camino.
Ponemos en medio océanos
de lágrimas tristes; de olvidos.
Quiero finalizar estos días
brindando honor a los lamentos;
invocando clemencia al tiempo,
a ese Dios que castiga momentos
por creer demasiado en mi misma
y entregar mi corazón al infierno.
Al infierno de un maldito
que espera apresurado su vuelo
para ir tras lo que realmente admira
ese amor que soñó desde niño.
Impotente desfallece mi cuerpo
mientras las lágrimas cubren mi cara,
miro al cielo el horizonte maligno,
el gris oscuro penetra en mis ojos
mientras un rayo retumba al oido.
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