miércoles, enero 05, 2005

No Quiero Convercer a Nadie de Nada

No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona
es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o creer o de hacer
lo que le dé la gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no
demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que
nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién es quién para decir
"esto es así", si la historia de la humanidad no es más que una historia
de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?) Si a alguien he de
convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que
no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte.
"La vejez, la enfermedad y la muerte", de Buda, no son más que la muerte,
y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.
Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando,
acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!)
Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad
volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la
tierra, y ser hombre, no pez ni ave. No tengo ningún deseo que me digan
que la luna es diferente a mis sueños.

No hay comentarios.: